Cómo repercute el branding en tu propuesta de negocios

Un año sin escribir nada por aquí. Pero no es que he estado inactiva, es que hace un año tengo página web y ahí es donde estoy escribiendo todo mi contenido, esta vez mas serio y formalito y desde la perspectiva del branding. Así que si quieres seguir enterandote de pasa conmigo te invito a que te des una vueltita por ahí y veas mi gran progreso 🙂

De hecho este post de hoy está colgado en mi web, así que básicamente hice un reciclado, y estoy 1,2,3 probando con WordPress para mudar mi web a esta plataforma.

A lo que vinimos:

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Pues el prestado de hoy, que muchos prefieren llamarlo content curation y que me corrijan los entendidos en la materia si estoy equivocada, es sobre un video que publicó Laura Ribas, de la cual soy fan por lo aterrizada que es en sus contenidos.

Volviendo a lo mío que me desvío, es que en el video de hoy ella entrevista a una experta en crear moodboards para tener claridad en como orientamos nuestras marcas y mientras veía el video asentía con la cabeza en casi todo lo que decían, no por el hecho de creer en los moodboards — que nunca me he animado a crear uno aunque creo que después de ver esto es un must! – pero mas bien por los comentarios que se hacen en cuanto a la importancia de tener claro el branding y como esto repercute en toda tu propuesta de negocios.

Entonces la señorita Laura, y no la de Chile, plantea en el video algunos puntos fundamentales del branding, en sus palabras: “ Tener claro el tono que quiero que tenga esta marca…qué quiero transmitir?… qué percepción quiero que tenga la gente? … el branding es la percepción que quiero que tenga la marca…si no tienes un buen branding, el resto falla…”

Luego le da paso a la entrevistada que comenta sobre un moodboard que hizo para su marca y como la ayudó a aclarar sus ideas sobré qué necesitaba para hacer evolucionar su marca, o rebranding en sus palabras. Y ahí ella comenta de colores, tonos, fotografía, estilismo y cómo se quiere posicionar. De nuevo, la base de un buen branding es tener claro como queremos vernos.

El diseño grafico ayudó a la entrevistada a llevar visualmente sus ideas, a traducirlo en forma funcional, en este caso a su página web. Y luego que veas el video y visites su web te darás cuenta que su marca es el resultado de su visión bien aterrizada.

No escribo mas, el video está en la pagina de LauraRibas.com y aquí el link directo al video.

Si quieres seguir leyendo de branding y temas relacionados te invito a que visites mis post anteriores porque hablo mucho de esto. Aquí puedes leer el anterior, por donde empezar a construir el branding

Comentarios?

Vienen los cambios

Bastante hemos escuchado que hay dos forma de enfrentar los cambios, o yendo con ellos o resistiéndonos a ellos. Además de esto, siempre hemos escuchado que lo único constante, es el cambio.

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Entonces, si sabemos que esos cambio de manera inevitable van a venir, me cuestiono, por que siempre nos resistimos a ellos?

Lo primero que se me ocurre para justificar la resistencia, es el hecho de pensar que todo lo que estamos haciendo es lo correcto. Claro, luego nos damos cuenta de que no es así. Ante el mas mínimo comentario nuestro ego se desinfla y la mente vuelve al chip de “sabía que debía hacer tal cosa como lo pensé la primera vez”

Lo segundo que se me ocurre es que, aunque todos sabemos que lo que hacemos no está 100% súper bien (somos humanos después de todo), en el fondo tenemos la esperanza de acertarla en el primer intento, así como todo el que juega golf quiere hacer un hoyo en uno.

Lo tercero que se me ocurre es que en realidad no contemplamos el A, B o C de las posibles opciones y muchas veces nos vamos por la corazonada; esa fatal que a veces no nos guía tan bien o si nos guía bien no nos lo deja saber de manera inmediata. Por eso muchas veces volvemos con la primera opción o, con ninguna de las anteriores y debemos, nos guste o no, seguir trabajando.

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El hecho es que los cambios, valga la redundancia, son un hecho, y debemos aprender a esperarlos cada vez que mandamos a un cliente la opción que para nosotros parece la mas acertada. Porque en trabajo, al igual que en la vida, esos cambios siempre vendrán y debemos recibirlos con el mejor entusiasmo posible porque ellos nos ayudan a conocer o comprender mas al cliente, modificar nuestra conducta y a ser flexibles, en el trabajo y en la vida.

Así que al final parece que la opción mas acertada es: No resistirnos a los cambios, porque si algo es seguro es que estos siempre vendrán.

Yo te daré un logo

Cuantas veces como diseñador te encuentras con amigos, colegas o clientes que te piden colaboración en la elaboración de un “loguito” para algunos de sus productos o servicios? Eso es el pan nuestro de cada día, no?

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Pero el motivo que me animó a escribir este post es el hecho de que me pidan un “loguito”; como si al ponerlo en diminutivo eso le restará valor, trabajo, horas invertidas o, que no pondrás en su construcción el mismo entusiasmo que pusieras para un “logo”.

Pongámoslo así, un logo, no importa lo que vaya a representar, es la cara de tu empresa, es la voz que hablará por ti cuando no estés, es el cúmulo de ideales y palabras que englobas en una sola imagen, en un tipo de letra, en una combinación de color. Es el CV de tu negocio, tu encargado de relaciones públicas, la sonrisa que recibe al cliente y la imagen que asocias cuando tienes una grata o no tan grata experiencia de compra o servicio en un negocio x.

Por lo tanto, no importa que tan grande o pequeño sea tu negocio o empresa, no importa que tan lejos llegará tu marca, cuando un diseñador concibe un logo, lo hace para que sea grande, para que trascienda, para que sea reconocible, famoso, para que se vea bien en la portada de una revista.

Para nosotros, los diseñadores, cada logo es un hijo que vemos nacer con la esperanza de verlo crecer, andar por la calle, ondear en un bandera, ver su saludo desde una valla, o adornar prendas de vestir. Y es así como queremos que sus dueños lo vean, lo aprecien, lo ayuden a crecer. Porque si lo vemos como hijos y lo entregamos a personas que no lo ven como tal, sabemos que su existencia será efímera, que nadie luchará por el y que estará destinado a desaparecer.

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Por lo tanto, aunque pidas un “loguito”, la persona con la que trabajes, si tiene ética suficiente, te entregará un logo y tratará de entregarte con el todo lo que un día le diste a modo de información para construirlo y echarlo andar.

Tu, al igual que esa persona en quien depositas tu confianza para hacerlo realidad, pensaste ponerle cara a tu negocio y confiaste en el o ella para hacerlo; lo viste nacer y crecer con el mismo empeño que el diseñador ha depositado en transformar tu necesidad en realidad, tus ideas en algo tangible, tu mundo empresarial, tu sueño y sacrificio en una imagen, en un valor, en un logo.

Cuando el cliente le teme al contrato

Después de varios meses de “negociación” sin llegar a un termino definitivo de qué íbamos a hacer y cuándo íbamos a arrancar con el proyecto, mi cliente de turno perdió un poco la paciencia y me preguntó cual era la desconfianza hacia ellos y porque no podíamos empezar a trabajar sin estar amarrados a un contrato.

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Durante todo el tiempo que estuvimos hablando previo a esta reacción, nunca me hizo entender que no se sentía cómodo trabajando con un contrato, pero mas que sorprenderme por lo que me acababa de decir, me hizo pensar: aunque como freelance ya estemos listos para trabajar con un contrato, si nuestro cliente no lo está, como mantenernos firmes en nuestro proceso, sin perder nuestro cliente?

Como dije en un post anterior  “La informalidad se vive de ambas partes”  y hay una línea muy delgada entre ser constantes o demandantes para que nuestro cliente se adapte a nuestra forma de trabajo.

Estaba convencida de que eran mas las razones por las cuales es importante tener un contrato que nos sirva de aval y protección cuando trabajamos con proyectos medianos o grandes; de lo que no estaba muy segura era de qué forma podía explicarle a mi cliente que esto era lo mejor para nuestra futura relación.

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En otro momento le hubiera mandado un correo de 5 páginas explicándole mis razones pero preferí dejar que todo fluyera de la forma mas conveniente para ambos; y de una forma sutil le expliqué, dentro de nuestro intercambio de correos, que:

  • Cuando firmamos un contrato, ambos recibimos beneficios; como las respuestas a tiempo de mi parte, el pago a tiempo de su parte y tener donde recurrir si alguno de los dos fallaba.
  • Que no soy tan “informal” como puedo parecer por no tener una dirección física y un horario establecido de trabajo.
  • Que no siempre si un trabajo no empieza es por negligencia del diseñador, muchas veces es por indecisión del mismo cliente.
  • Con esto de tener un contrato, mas una capeta de trabajo bien estructurada, le estoy justificando mis precios.
  • Le estoy dando el tiempo que necesita para tomar la decisión.
  • Lo mas importante, que siempre le trataré con respeto, que no es obligatorio firmar el contrato y que las puertas están abiertas si deseaba buscar otras opciones que se acomoden mas a su forma de trabajo.

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Me di cuenta que nada nos garantiza un cliente; no importa que tan buenos, responsables, pacientes o buen servicio ofrezcamos. Lo que si me quedó claro es que debemos tener nuestros objetivos bien establecidos y que si estamos trabajando para ser cada día mas organizados, eficientes y enfocados al crecimiento de nuestro perfil profesional, esto debemos hacérselo saber a todos nuestros potenciales clientes.

La decisión de que el cliente se quede o no, no depende de nosotros, pero si deciden quedarse sabrás que estás trabajando con alguien que respeta tu trabajo y la forma que tienes de hacerlo; y para mi, en lo particular, creo que este es el primer paso para el inicio de un proyecto que traerá mas satisfacciones que contratiempos y abre la oportunidad de que a la larga se convierta en una relación duradera entre alguien que supo confiar y un freelance que supo negociar para mantener su cliente.

La religión freelance.

Hace unas semanas me reuní con unos ex compañeros de trabajo, que al igual que yo están nuevos en el mundo del freelance. Comentábamos las ventajas y desventajas de este sistema laboral tan particular; la libertad que nos da, los temores que enfrentamos o cómo le hace cada uno en su día a día.

Entre anécdotas nuevas y pasadas, pausamos un rato para comentar que buena idea había sido el reunirnos, y estuvimos de acuerdo de que si había algo que todos extrañábamos por igual, es la camaradería que vivíamos cuando trabajábamos bajo un mismo techo.

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El haber hecho esa reunión, compartir nuestros puntos de vista y darnos cuenta que no estamos tan solos, me hizo pensar: “cuando se está como freelance, es como estar en una religión; hay que congregarse para no perder la fe”

Espero no ofender a nadie cuando digo que se puede comparar esto del freelance a pertenecer a una especie de religión, y qué me ha ayudado a mi, a seguir adelante:

La congregación. Juntarme de vez en cuando con personas que han tomado la decisión de ser freelance y conocer su experiencia, me ha ayudado a ver que aunque hay momentos difíciles, no son para siempre. Además, intercambiar testimonios nos hace sentirnos parte de un grupo que comparte los mismos intereses o dudas, y es una forma de darnos apoyo mutuamente.

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La fe. Cuando decidimos zarpar en esta aventura lo hacemos por un acto de mera fe en que Dios proveerá, y de confianza suficiente en nosotros mismos para no desfallecer. También nos damos cuenta que si pensamos positivo, vemos resultados. Probado!

Reclutar adeptos. Llega el momento en que estamos adaptados, vemos lo bueno de esto; reconocemos que si ponemos esfuerzo en nuestro negocio o idea, salimos a camino; empezamos a recoger los frutos; somos capaces de levantarnos todos los días mas confiados en lo que hacemos y disfrutarlo cada día mas. Entonces, es el momento en quieres que todo el que conoces esté como tu y comienzas a predicar los motivos de por que deben unirse y a tratar de convencerlos para que sean parte de esta ideología…o no?

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Predicar. En el mismo tenor del concepto anterior. No te cansas de predicar este nuevo estilo de vida. Cuando oyes a alguien que te dice: “estoy por emplearme”; dedicas todo un tiempo a darle a esta persona un discurso elaborado de por que entendemos que no está tomando la decisión correcta. Pero claro, “la salvación es individual” y no podemos evitar que algunos se descarríen.

Andar confiados. Este punto es algo intuitivo. Puede que un freelance te diga que las cosas no van bien o que este no ha sido el mejor mes de su año; pero algo ves en sus caras que te hace pensar que aunque se quejen, anclan sus esperanzas en algo que no saben explicar, ni nosotros podemos descifrar a ciencia cierta que es. Ese algo que los hace seguir en su camino, andar confiados o hacer anécdotas de la dificultad, con una sonrisa.

Seamos creyentes o no, todo proyecto necesita un poco de fe para comenzar, pero necesita una ración mayor para ser constante y no desfallecer, o ver que no esta mal predicar aquello que creemos.

Mientras andemos confiados y en el camino correcto, conseguiremos mas adeptos que nos ayuden a creer en lo que hacemos, y levantarnos cada día con ánimos para trabajar en lo que nos gusta hacer en esta vida, siempre y cuando sea como freelance.

Imagen de marca para mi marca

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Si hay algo que me ha dado mucho trabajo en este negocio, es promocionar mi negocio. Durante todo el tiempo que estuve como empleada, hacía a la par trabajo de freelance y la parte mas difícil a la hora de aplicar para un nuevo trabajo o conseguir un nuevo cliente era cuando me decían: me puedes mostrar tu carpeta? Porque como dice el refrán, en casa del herrero el cuchillo es de palo. Pero esto es algo de lo que no podemos darnos el lujo cuando vendemos imagen y mucho menos cuando vendemos imagen de marca.

Imagina entrar a una tienda de ropa donde los empleados no usen la ropa de la tienda; o un salón de belleza y la estilista lleva el pelo hecho un desastre. No confiaríamos tanto en ella verdad? Y mucho menos en lo que vende. Pues me di cuenta que lo mismo pasa con nosotros los diseñadores. Y no me lean como: que dice esta? eso se cae de la mata!” Pues no, no se cae.

Pregunté a un par de colegas, que tal les va con este asunto y la respuesta fue la misma, pocos se toman el tiempo para trabajar su marca y tener coherencia visual. A mi, me ha tardado un poco llevarlo a cabo pero pienso que lo voy logrando (aunque es un trabajo que no para); básicamente esto es lo que hago:

Trabajar la papelería. Desde las cotizaciones, cualquier acuse de recibo o hasta la firma de correo debe llevar nuestra marca. Complicado si, pero así como tratas tu marca, tratarás a la de tu cliente.

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Utilizar las redes sociales. Lo bueno de estas es que casi todas te permiten agregarle algo personal a tu página, aproveché esto y agregué un elemento de diseño que pude fácilmente aplicar en todas. Así ya tienes una idea de cómo funciona y como puedes exponer la marca de tu cliente en las mismas, si este lo requiere. Desde about me hasta issuu, procuro  estar en todas!

La dichosa página web. Me dio mucho trabajo montarla, pero ahora que la tengo veo cuan importante es. Es mi principal catálogo de venta y ya no debo andar apresurada a recolectar parte de mis trabajos (que estaba antes disperso en CD, back ups, etc.) cuando alguien quiere ver muestras de lo que he trabajado. Lo mejor es que puedo seguir actualizándola, y cuando hablé de que es un trabajo que no para, esto es parte de lo que me refería.

Mi propia imagen. Aunque ya no debo llevar el pelo planchado todo el tiempo, pantalones con filo y zapatos cerrados como cuando trabajaba en una oficina, me di cuenta que como voy vestida a la hora de visitar un cliente dice de mi y de mi marca. En mi caso particular, no puedo pretender andar en converse si mi marca utiliza una tipografía cursiva.

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Dedicarme tiempo. Esta es la más difícil y la que más trabajo me da, pero trato, no todos los días pero aunque sea tres veces por semana, sacar por lo menos una o dos horas para trabajar parte de mi marca; ya sea actualizar las redes, buscar información para mi página, leer contenido relevante para mi empresa, escribir para el blog, entrar en nuevas redes sociales, actualizar en el CV la más reciente capacitación, etc.

El mundo del freelance está lleno de buenos profesionales, pero si de algo adolecemos en este mundo, sobre de todo en la parte del diseño, ya sea gráfico o web; es de trabajar una imagen coherente para nosotros mismos.

Si eres como yo un par de años atrás y te he puesto a pensar, espero que lo que he escrito te ayude a salir a camino. Me gustaría saber como lo has logrado tu o si tienes algunas tácticas, que como a mi, te hayan funcionado. Comparte! ya se que no estoy sola en esta vida de freelance. ☺

Una visita insperada a mi oficina improvisada.

Recuerdo mis días de agencia donde iba a trabajar con un lapicero en el pelo, que hacía las veces de gancho, pantalones rotos en las rodillas y calipsos.

Trabajaba en el departamento de arte y luego de entrar ahí mi contacto con el mundo exterior era casi inexistente. Me enganchaba mis audífonos, ponía musiquita y empezaba a diseñar. Mi interacción con alguna otra persona se limitaba a mi jefe y de vez en cuando mis compañeras de trabajo.

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Hoy miro atrás y veo que todo eso ha dado un giro de 360 grados, mi día a día es un interactuar constante con la gente. Pero mas que eso, ser freelance me ha hecho sentir con aquella libertad que disfrutaba en mis tiempos de agencia en cuanto al modo de trabajo se refiere; una forma más relajada en la que puedes decidir si trabajaras en pijamas o no y cuando tendrás interacción con el mundo exterior.

En el mismo tono relajado está diseñada mi oficina (casa): una mesa improvisada en lo que antes era mi comedor, un portalápices de una caja reciclada de dubble bubble y vista al balcón; a pocos pasos mi habitación y la cocina.

una esquinita de mi escritorio

Por lo antes explicado, cuando un cliente me pide una reunión nunca es mi “oficina”, si no en cafés, restaurantes o en la oficina de mi cliente. Pero hoy pasó algo que no me esperaba, una especie de DejaVu a mis tiempos de agencia.

Uno de mis clientes llamó para hacerme llegar unas correcciones de manera física al documento que estamos trabajando, entendiendo que lo mandaría con un mensajero le di la dirección de mi oficina/casa, le indique como llegar y le recomendé que llamara cuando estuviera allí para bajar a buscarlo. Siguiendo mi consejo al pie de la letra, cuando el documento había llegado a mi puerta recibí la llamada. Para mi sorpresa al abrir la puerta la persona al otro lado no era un mensajero, era mi cliente.

“Hola Noelia! Como quería explicarte algunas de las correcciones que hicimos, preferí pasar personalmente a entregarte el documento”

Invité a pasar a mi cliente vestida como en mis tiempos de agencia; jeans rotos, lapicero en el pelo y calipsos en mi pies. Mi casa no era la mejor estructura para jugar a la oficina en ese momento y el envase del yogurt que acababa de comerme aun estaba sobre la mesa. El estrés me dominó y no recuerdo haber escuchado las primeras observaciones que el cliente comentaba.

No se que tanto tiempo pasó antes de darme cuenta que mi cliente estaba más relaja y a gusto de lo que esperaba. Así que decidí hacer lo mismo. Busque mi laptop, empecé a tomar notas y la conversación fluyó. Ya no sentía que era mi cliente, sino como una compañera de universidad que vino a estudiar y a repasar las clases conmigo.

Lo que pudo haber sido la vergüenza de la vida profesional, paso a ser para mi, una lección. Es cierto, mi oficina no es una súper estructura con puertas de cristal corredizas, muebles de piel y escritorios de cristal sobre metal galvanizado, pero pude darme el lujo de darle a mi cliente un trato personalizado, invitarlo a mi ambiente relajado y mostrarle por que disfruto tanto lo que hago.

Las experiencias que nos hacen crecer como profesionales y aceptar el éxito futuro con humildad, son aquellas que podemos contar, y aunque su desenlace no sea el que esperábamos, podemos aprender de ellas, dándonos las pautas para seguir confiados en saber que, aunque tropecemos no lo estamos haciendo tan mal encontramos la manera levantarnos e intertarlo de nuevo.